miércoles, 23 de abril de 2014

Aviso urgente: necesito ser imputado

Cada mañana madrugo para llegar el primero a la Ciudad de la Justicia. A las nueve de la mañana, cuando abren las puertas, me faltan piernas para acudir a los despachos de algunos jueces, aquellos a los que considero más accesibles. No quiero que nadie se me adelante. Cuando aún no han comenzado los juicios, es el mejor momento para abordarlos y, si los jueces están ocupados, lo intento con los secretarios judiciales y, si no, con algún oficial. Cualquiera me vale. Me los conozco a casi todos y ellos me conocen a mí. Llevo tres meses haciendo lo mismo, sin faltar un solo día a mi cita, con el propósito de que alguien me escuche porque yo lo que quiero (¡y lo digo bien alto!) es que me imputen de una vez.

Así de fácil. Deseo, anhelo ser imputado. ¡Señorías, están difícil de entender lo que digo! Pero sus señorías me toman por loco, por alguien que no está en sus cabales. Incluso en alguna ocasión han llegado a llamar a los de Prosegur porque, según alegaron, me había puesto un poco pesado con lo de ser imputado, pero eso lo afirmaban porque ignoran lo importante que sería para mí que un juez, en alguno de sus autos, me citase por mi nombre y mis apellidos. “Yo declaro a Javier Carrasco imputado por tráfico de influencias, delito contra la Hacienda Pública, falsedad en documento público…”

Suena requetebién. A veces sueño con que eso ocurre y que me codeo con los grandes imputados del Reino de España y que me bajo de un mercedes negro a las puertas de la Audiencia Nacional y que hay octogenarios esperándome para decirme de todo (cabrón, estafador, fill de puta) y sonrío y saludo al respetable como Curro Romero en sus mejores tardes en la Maestranza de Sevilla. Y al salir, después de no haber movido los labios acogiendo a mi derecho a no declarar, vuelvo a escuchar las mismas lindezas, similares improperios, a sufrir los zarandeos de la gente sencilla y engañada, entre policías mal pagados que me protegen, y en ese momento sé que he tocado la gloria, por efímera que esta sea, y que la gloria es lo más opuesto a la cárcel.

Porque en España, si no eres imputado, ¿qué porvenir tienes? Eres una cosita sin importancia, un pobre hombre, una calamidad de persona. Yo, que prometía mucho de niño y ya véis en lo que he ido a parar, no pierdo aún la esperanza de seguir el ejemplo de algunos empresarios y ejecutivos valencianos (creadores de riqueza, les llaman sus acólitos), de personajes insignes como José Vicente Morata, Rafael Aznar, Juan Soler, Vicente Boluda, Roberto López, Domingo Parra y José Luis Olivas, ya imputados o en vías de serlo, que son el espejo en el que algunos nos miramos. A veces me pregunto por esa debilidad que tienen por ser imputados y no digamos por su propensión manifiesta a tener dulce trato con imputadas. Me gustaría ser uno de ellos, pero he de admitir que me falta pedigrí, gomina y kilos. Porque a la vista está que comen muy bien.

Desesperado como estoy, sólo encuentro consuelo entre los pequeños delincuentes con los que me bebo un copita de osborne cada mañana, después de haber fracasado en mi empeño diario. Se han convertido en mis amigos. Proxenetas, carteristas, traficantes de poca monta y concejales de urbanismo me animan a no desistir y a seguir intentándolo. Alguno ha habido que me ha ofrecido la comisión de un delito compartido para ponérmelo fácil, sin ir más lejos un secuestro al presidente de un club de bádminton, pero lo he rechazado porque hay cosas que uno debe afrontar a solas, con la gallardía que se le presume a un hombre que peina canas como yo y que no tiene ya nada que perder.

Creedme, mi última esperanza es el juez José Castro que, como es sabido, tiene en Valencia su segunda residencia. Si no logro verlo en una de sus frecuentes visitas a la ciudad, estoy dispuesto a viajar a Palma, previa colecta entre mis amistades, para rogarle que me impute. En él creo haber encontrado un hombre comprensivo que sabrá entender las razones de mi desazón. Y yo le prometo que mi memoria no flaqueará y que contestaré a todo lo que me pregunte en el caso de que tenga la deferencia de incluirme en uno de sus autos, como a otras reales personas. En el confío, a él me encomiendo. El juez Castro es la última bala que me queda.

Mi situación no puede ser más angustiosa: mis padres apenas me dirigen la palabra. Creían ver en mí a un hombre de provecho y me he convertido, para su desgracia, en un ciudadano que se limita a cumplir las leyes y a pagar los impuestos. Y eso es lo último que un padre cuerdo puede desear para su hijo en esta España que vive en negro. Por eso quiero que me imputen, para dejar de ser un pobre diablo que tiene la honradez como única carta de presentación.

sábado, 5 de abril de 2014

El señor Mas y otros demócratas

En Cataluña (Catalunya si se me lee en Tortosa) los detenidos pierden la consciencia con suma facilidad. En otras latitudes mueren como consecuencia de las palizas propinadas por la policía. Pero en Cataluña no, en Cataluña mueren tras perder la consciencia. Son maneras nacionales de morir. Suerte que tienen los carteristas de Vinaròs de caer en manos de la Guardia Civil. Allí saben que los llevarán al cuartelillo, pero rara vez perderán la consciencia. Y eso que la Guardia Civil tiene fama de cuerpo fascista al otro lado del Ebro, pero se conoce que no ha aprendido aún los métodos infalibles de los Mossos d´Esquadra. Yo creo que al general Francisco le hubiera encantado esta manera de actuar. Lo digo por su forma expeditiva de resolver los conflictos. Expeditiva y definitiva. Hay gente que no vive para contarla. Alguien molesta en un bar, en un restaurante, se les llama y enseguida acaban con el problema, en un pispás.

Son un ejemplo de la Cataluña democrática. Hay más, desde luego. Como el señor Mas y su gobierno. Siempre apelando al derecho a decidir, al respeto a los derechos del pueblo catalán, como si los pueblos tuvieran derechos. Yo pensaba, ingenuo de mí, que sólo los ciudadanos los tenían. Pero no: los pueblos, las mancomunidades, las comunidades de vecinos también los tienen. Bendito señor Mas. Es el político mejor pagado del Estado español, así como su compañero de partido, el señor Trias, que arrastra serios problemas de dicción, es el alcalde mejor retribuido del país. Ellos sí que saben exprimirle el jugo a la democracia.

Aunque bien es cierto que tienen un concepto sui generis de la democracia. Si se trata de cumplir las sentencias de los tribunales, su espíritu democrático flaquea. Si no les conviene no las cumplen. Si usted incumple una sentencia, lo meten en la cárcel. Pero al señor Mas y sus consellers, no. Son las ventajas de ser presidente autonómico en España, que te haces una ley a medida. Son además demócratas selectivos, lo son mientras les conviene. Son partidarios del derecho a decidir mientras los que tengan el derecho a decidir no sean los padres de alumnos castellanoparlantes. Y amantes de libertad, ya lo creo, que se lo digan a los botiguers que rotulan sus negocios sólo en castellano. Qué atrevimiento el suyo. Pagan su desfachatez con multas. Así se construye la futura Catalunya independiente.

Pero no nos olvidamos de los compañeros de viaje de Mas, los alegres chicos de Esquerra. Demócratas auténticos, de pata negra, si pasamos por alto algunas veleidades golpistas. El mejor escribano hace un borrón. ERC no iba a ser una excepción. En 1934 recordemos que se levantaron contra la República que tanto defienden ahora. Dieron un golpe de Estado. ¿La razón? No les gustaba el gobierno elegido democráticamente por los ciudadanos. ¿Por qué? Porque era de centro-derecha. Pero ¿a quién le importa lo que ocurrió en 1934? ¿Quién se acuerda ya de que en 2004 uno de sus líderes pactó con ETA para que fuera selectiva al matar, es decir, que no asesinara en Cataluña pero sí en Murcia o Zaragoza? Pocos recuerdan o quieren recordar esas molestas historias. Y como en España (o en Cataluña) se lee poco y se estudia menos, siempre se puede dar gato por liebre. Esto quiere decir que uno se puede presentar como un demócrata de toda la vida frente a la España que cabalga a lomos de Felipe II y Millán Astray, esa España que niega el derecho a decidir y expolia desde hace al menos trescientos años. Y te compran la moto, la moto averiada, claro que te la compran, porque ingenuos siempre los ha habido y los habrá. 

Por eso y por otras razones que me callo para no cansar, le envío mis sinceras felicitaciones al señor Mas, que se lo sabe hacer muy bien. A mí me recuerda a otro líder mediterráneo de principios del siglo XX. Los dos comparten un mentón prominente y un afán expansionista. Pero el otro, don Benito le llamaban, aun siendo un personaje despreciable, tenía cierto sentido de la justicia social que el señor Mas desconoce. Lo digo por los recortes en educación y sanidad, que en realidad a él poco le importan. La culpa es de Madrid. Siempre es de Madrid. Incluso Madrid es responsable de la desnutrición de miles de niños catalanes. Él, mientras tanto, a lo suyo. A organizar la consulta y a estar a las órdenes de sus jefes que, sin acaso saberlo, comienzan a jugar con fuego. Y algún día se quemarán.