miércoles, 30 de julio de 2014

He vuelto

Días de indolencia y tedio estival han retrasado la decisión de subirme de nuevo a este blog con las mismas dudas de los comienzos pero también con una ilusión que el tiempo no ha logrado atemperar. Estoy aquí otra vez con vosotros, al cabo de más de dos meses de silencio productivo, de probarme a mí mismo. En estas semanas han sucedido cosas, algunas de las cuales ya tenemos casi olvidadas. El mundo se ha comportado con su locura habitual. Pero por suerte seguimos vivos y heridos para contarlo, para seguir escribiendo la crónica del desorden y la furia que nos rodea.

Echo la vista atrás y siento que lo vivido estas semanas ya lo experimenté antes. Judíos matando a palestinos, y palestinos intentando matar a judíos sin la misma pericia que los primeros; líderes políticos que van y vienen haciéndonos creer que algo puede cambiar en este triste y áspero país; reyes sustituidos por reyes a toda prisa, como si fueran conscientes de haber cometido un delito infame que han de hacerse perdonar; selecciones de fútbol que vuelven a sus días de ridículo e impotencia; la corrupción que alcanza a toda clase de patriotas peninsulares… De todo ha habido, incluso buenas noticias como que el equipo de mi tierra subió a Segunda División o que yo fui tocado por la fortuna después de serme tan esquiva durante estos dos últimos años.

Pero acaso lo más importante, lo que más satisfacción me produce, es saber que la baronesa Thyssen ha hecho las paces con su hijo Borja, lo cual a algunos nos llena de regocijo y nos devuelve una tranquilidad de espíritu que creíamos ya perdida para siempre.

He vuelto para quedarme, con el propósito de escribir lo que pienso, ese raro lujo que se permiten quienes sólo se representan a sí mismos y tienen poco o nada que perder. Entre los locos y los francotiradores me quiero hallar. Lejos estaré de las capillitas y las tribus, de las mentiras piadosas, de las equidistancias y de los lugares comunes que sólo conducen al autoengaño. He vuelto con el bisturí y la rama de olivo, según los días y mi estado de ánimo. Pecaré, pues, más por desmesura que por comedimiento.
Creo que merecerá la pena que me leáis. Os invito a seguirme. 

Estamos de nuevo en el camino.